jueves, 15 de abril de 2010

Se llama Leonard.

Y le envidio, no no, le admiro.
Me parece increíble que un hombre de 40 años pueda ser como él, y tener su mentalidad.
No hay ni un sólo día que no llegue dispuesto a sonreír y a alegrarnos la tarde. Y conmigo al menos funciona.
Se interesa por nuestra vida, nos cuenta sus cosas, se ríe también de nuestras tonterías... Y así siempre, no hay un día en que no haya llegado con la sonrisa puesta, y no hay nadie que se haya ido de su clase sin sonreír al menos una vez.
Es fantástico, ojalá todos los adultos fueran como él, ojalá yo misma pudiera ser así. Él quizás no sea la persona más feliz del mundo, pero da siempre su mejor cara a la gente que le rodea.
Y yo que soy muy de ponerme metas, hoy me he propuesto algo. Sé que no llegaré a ser como él, pero voy a intentar ofrecer mi mejor sonrisa para hacer felices a los que me rodean, y para ayudarme a mí misma a ver la vida de una manera mucho más positiva:)

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