Parecía que no iba a llegar nunca, pero en esta vida todo pasa y todo llega, más tarde o más temprano.
Ha comenzado la recuperación, la de verdad. Ese punto en el que las cosas buenas comienzan a pesar algo más que las malas en la balanza de mi vida.
Alguien me dijo allá por julio que lo importante para remontar y comenzar de cero era hacer cosas que me ilusionaran, al principio no creí en que aquello fuera la solución a lo que me estaba pasando, pero lo era.
Siempre me había gustado bailar, y decidí probar...y para nada esperaba que me fuera a ayudar tanto esto. Al principio era una actividad más, hasta que empecé a engancharme, a darme cuenta de que se me da mejor de lo que me esperaba. Ahora no puedo dejar de mover las caderas aunque esté en casa, y cada vez que escucho una bachata se me escapan solos los pies. He conocido a gente nueva, que me ilusiona, que me hace sentir bien y válida, y con la que me siento a gusto.
Por todos esos motivos el baile está tirando mucho de mi hacia el positivismo y la felicidad.
Las cosas malas no se irán nunca, pero de nosotros depende si queremos verlas todos los días o mirarlas como una oportunidad que nos dio la vida para aprender.
Es una cuestión de cambio de chip, es un punto de vista, una manera de ver la vida. Las cosas no son buenas o malas en sí mismas, ni siquiera la gente. Todo depende de nuestra interpretación del mundo que nos rodea. Y esa interpretación más positiva es la que poco a poco y no sin ayuda estoy empezando a conseguir.
Ya me tocaba, a mí, empezar a ver la luz al final del túnel.
Ahora solo queda aprender a disfrutar de esos pequeños lapsus de felicidad que se van como la lluvia. Aprender a valorar cada minuto de ilusión y felicidad y no pensar en los errores, porque ya he aprendido de ellos.
"Todo pasa por algo" es una premisa que hay que tener presente, sin dejar por ello de hacer cosas porque creemos que deben pasar solas. Quizás el destino está escrito, pero si queremos algo, hay que luchar por ello, porque siempre podremos cambiar nuestro rumbo.. porque nosotros somos los directores de nuestra película, y decidimos quién entra en ella y qué aventuras queremos vivir.
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