Es difícil expresar con palabras la sensación que se tiene cuando se acaban unas prácticas de educación infantil, aunque los que lo han vivido saben bien lo que es.
Hoy han acabado las mías y siento felicidad pero a la vez un gran vacío, el vacío que dejan todos esos pequeños con los que he compartido mi día a día durante estos tres meses.
Han sido muy buenos momentos que me llevaré siempre conmigo, ha habido castigos, días malos, momentos en los que me sentía agotada, pero todo merece la pena mirando ahora atrás.
Mis 150 niños de infantil me han hecho la persona más feliz sobre la tierra, y mis 26 bebés de tres añitos me han hecho sentirme especial todos los días.
Me cogieron las prácticas en un mal momento en el que me sentía sola y todos esos pequeños saltamontes me ayudaron a encontrarme a mi misma, a sentirme especial y a valorarme como ellos me valoran.
Una vez que una seño entra en clase son tantos los problemas que se encuentra y tantos los llantos que consolar que cualquier problema que se tenga se queda fuera en la puerta del cole.
He aprendido a ser maestra, médico y mamá, a dar cariño y disciplina a partes iguales, a escuchar, a tener paciencia...
La próxima vez que me ponga delante de una clase ya será solo mía, y estoy segura de que siempre me acordaré de todo lo que he aprendido durante mis dos periodos de prácticas.
Cada día estoy más segura de que he elegido la profesión más bonita que existe.
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