Este año, son muchas las veces que he decidido, por épocas, ponerme en serio con el deporte: que si llegaba el verano, que si había que quemar los excesos, que si mis meriendas eran demasiado extensas... Pero nunca me suelo parar a pensar en el que el deporte no es solo "quemar" barriguita, sino que ayuda de muchas formas a nuestra vida diaria. Para personas que se agobian tanto como yo, son más importantes los beneficios psicológicos que los físicos.
Si alguna vez habéis practicado algún deporte, seguro que después de llevarlo a cabo sentís una sensación de alegría y bienestar que os invade y os hace ver todo de otra forma. Esa sensación de bienestar es la producida por las famosas endorfinas u hormonas de la felicidad, que hacen que nos sintamos contentos.
Pero no solamente las endorfinas son las causantes de este bienestar. Practicar deporte nos ayuda a conseguir una mejor relajación. No hay que olvidar que a lo largo del día (y más las personas nerviosas) acumulamos mucha tensión debida al estrés. El deporte nos ayuda a canalizarla y eliminarla del cuerpo.
A la eliminación de la tensión hay que añadirle el cansancio físico que nos impone el ejercicio, lo que nos ayuda a descansar mucho mejor. Al practicar cualquier deporte conseguimos que los biorritmos funcionen mucho mejor y nos es más fácil conciliar el sueño y aprovechar mejor las horas de descanso.
Es importante, para relajar la mente, que no nos sometamos a mucha presión, y nos olvidemos de ponernos metas muy difíciles o tiempos muy marcados. Mis recomendaciones personales son la bicicleta (cuidado con las personas con dolores de espalda) o el trekking (mientras se hace deporte podemos disfrutar de las mejores vistas)
Así que ya sabéis, "Mens sana in corpore sano", no os olvidéis de que el deporte nos cuida también por dentro.
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