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Esta mañana iba con mi i-pod escuchando Despistaos, y no sé porqué, quizás era la canción que estaba sonando… pero me he dado cuenta de que iba sonriendo, totalmente metida en mi papel, cantando… Y he pensado una cosa, creo que me encantan las pequeñas cosas de la vida, como esa por ejemplo. El ir a cualquier lugar y no querer llegar nunca, porque yo disfruto del camino, de cada rayo de sol, de cada persona que pasa, de cada planta que se mueve, de cada charco… Estoy loca, lo pienso muchas veces, pero me encantan esos detalles que la vida nos ofrece todos los días, y siempre están ahí, delante nuestra, pero no siempre los vemos.
Y se me van ocurriendo más cositas de las que disfruto. Disfruto de mis 15 minutos de sueño después del desayuno, disfruto de los 5 minutos en los que me siento delante de mi armario a pensar qué ponerme, disfruto del camino a clase, ya lo he dicho, y más si escucho música, disfruto del último timbre del instituto resonando en mis oídos a las 14.10, disfruto de las siestas que siempre pretendo echarme y jamás me echo, disfruto de mis galletas de chocolate fresquito, disfruto de esa sensación de haber terminado de estudiar, disfruto de las llamadas por teléfono desde las 10 hasta las 11, disfruto de cada uno de mis sueños, disfruto durmiendo…
Y ahora que leo la de cosas que he escrito… ¿cómo puede haber días en los que me sienta mal?
Si la vida me da miles de motivos para sonreir, y por lo visto a mi cualquier cosa me hace sonreir!
Bueno después de esta reflexión… ¡no! Aún hay más, quizás por esta razón me den miedo las grandes decisiones y las grandes responsabilidades, porque estoy acostumbrada a pequeños retos!
Ahora ya sí, va siendo hora de terminar y ponerme a estudiar o no disfrutaré con la sensación de haber hecho todas mis tareas…
Sólo decir que me he propuesto escribir todos los días, y sin pensar, sólo dejar que mis deditos plasmen cada idea que pase por mi cabeza…
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